Thursday, April 23, 2009

El reto moral de Obama

La semana pasada Barack Obama sacó a la luz pública una serie de memos secretos en los que se dan detalles escalofriantes sobre el modo en que la administración Bush, a través de la CIA, le dio status legal a técnicas de interrogación que caen en el ámbito de la tortura. En medio de una oposición considerable (ampliamente republicana) a dicha determinación, el presidente trató de proteger el equilibrio de su poder político diciendo que no tomaría acciones legales en contra de los agentes que usaron tales métodos de interrogación.

Si bien Obama ha repetido que nada se puede obtener gastando tiempo y energía inculpando el pasado, esta semana el presidente ha abierto sutilmente la posibilidad de que los artífices que diseñaron el marco legal bajo el cual se torturaron prisioneros puedan eventualmente ser procesados. Por esta vía, Obama expresó que una decisión al respecto quedaba en manos de su fiscal general no sin antes sugerir que cualquier investigación del asunto debería ser realizada por una comisión independiente que evite politizar el argumento.

Con su actuar, Barack Obama nos está dando la esperanza de que eventualmente se haga justicia con los responsables de un escándalo que ensombreció los ideales bajo los cuales se sostiene la democracia estadounidense. Ideales que fueron pisoteados en su totalidad porque como bien lo dice John McCain, la tortura define a quien la comete no a quien la padece.

Los republicanos, por su parte, alegan que el proceder de Obama compromete la seguridad nacional. Sin embargo, el deseo republicano de politizar este argumento radica sobre todo en el propio interés de no extender la herida que la administración Bush le propició a este partido. Fue, precisamente, a través de la politización del tema tortura que Donald Rumsfeld salió ileso de la audiencia ante el Senado de los Estados Unidos que lo llamó a rendir cuentas sobre lo ocurrido en Abu Ghraib. Con un cinismo propio de Rumsfeld, el ex-secretario de estado le dijo al senador Graham que no pensaba dejar su cargo simplemente porque algunas personas estaban utilizando el caso para hacer política. A partir de ese momento, la politización del tema tortura evitó el desarrollo de una investigación seria sobre los casos y la forma en la cual se produjo la misma.

Siendo un problema de tipo moral que afecta todo el discurso relacionado con los ideales en los que se basa una sociedad, el tema de la tortura debe ser tratado en un foro ajeno a cualquier tipo de interés político. La tortura es un acto injustificable que debe implicar legalmente a quienes incurren en ella. Por tal motivo, el éxito de la gestión de Obama dependerá precisamente de su capacidad de portar el debate tortura a un ámbito netamente apolítico.

El reto moral de Obama consiste en hacerle ver a su pueblo y al mundo entero que los Estados Unidos supieron darle una respuesta justa a las violaciones que se cometieron después del 11 de septiembre. Tiene razón el presidente cuando dice que hay que concentrarse en el futuro buscando evitar los errores del pasado. Se equivoca, sin embargo, si piensa que inculpar el pasado sea una empresa infructuosa sobretodo cuando esta puede ser la única forma con la cual los Estados Unidos pueden evitar que este oscuro capítulo se extienda indefinidamente en la historia.