Si algo le faltaba al debacle republicano después de las elecciones del año pasado que erigieron a Barack Obama como presidente de los Estados Unidos era permitirle al ala derecha de los medios de comunicación del país definir el liderazgo de dicho partido.Rush Limbaugh, el famoso y controvertido comentarista radial artífice de un sinnúmero de ataques indignantes contra todos aquellos que considera sus enemigos, ha comenzado a elaborar una guerra en contra de la administración Obama que muchos conservadores han aplaudido con el mismo entusiasmo expresado por los asistentes a la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC por sus siglas en inglés) llevada a cabo recientemente.
Después de escuchar el discurso de Limbaugh en CPAC es difícil digerir la primera frase con la cual define los valores del conservatismo estadounidense. Según Limbaugh, los conservadores del país se caracterizan por encima de todo por su amor por la gente. No sé si eso será cierto. De lo que si estoy seguro es que el interlocutor no es el adecuado. Limbaugh es una persona que ha denigrado a todas las minorías del país (de lo cual no se ha salvado ni el propio Obama para el cual dedicó la canción del negro), una persona que ve lo mejor de su nación en su caracter imperialista, una persona que atacó a los abandonados del huracán Katrina por defender a George W. Bush y una persona para la cual Guantánamo no es otra cosa que un resort tropical para musulmanes. Si todo lo anterior es amor por la gente, Limbaugh nos quedó debiendo una explicación de la palabra amor antes de expresar su tesis.
Afortunadamente, varias voces de la derecha estadounidense han manisfestado su preocupación con respecto a darle cabidad al mensaje de Limbaugh en el desarrollo de lo que será la agenda conservadora de los próximos años. Preocupación fundada por encima de todo en el temor de que voces como las de Limbaugh no le permitan al partido republicano adaptarse a nuestro tiempo lo cual podría eventualmente traducirse en más derrotas políticas hacia el futuro.
Para la administración de Obama y el partido demócrata en general, tener una oposición delineada por voces de personas como Limbaugh podría dar estupendos dividendos políticos y por tal motivo la Casa Blanca sutilmente ha querido responder a la pelea que el comentarista radial les está planteando. En otras palabras, bien podríamos estar ad portas de una eventual novela política que será interesante de seguir.
Sin tener ningún tipo de simpatía por los republicanos, espero que el partido de Lincoln y Reagan no termine por aceptar el cronismo de un radical como Limbaugh. De lo contrario, el movimiento conservador estadounidense podría finalmente terminar de ahogarse en la misma imagen retrógrada en la que ha venido flotando en los últimos años. Si luces es lo que busca el partido republicano, Rush Limbaugh es definitivamente el profeta equivocado.
No comments:
Post a Comment