La tan esperada estrategia de Barack Obama con respecto a la guerra contra el terrorismo en Afganistán y Pakistán ha sido finalmente presentada al mundo. Dicha estrategia apunta a una vía media entre el retiro de tropas y la continuación de la guerra. Una decisión salomónica que no favorece ningún interés político en particular y que envía una indicación clara sobre los principios que Obama utilizará de aquí en adelante en su mandato.Después del anuncio del presidente, las críticas liberales y conservadoras salieron a flote por todos lados. Por una parte, fue palpable el desconsuelo que generó el anuncio de Obama entre muchos demócratas que soñaban con un retiro inmediato de las fuerzas estadounidenses de Afganistán. De hecho, algunos políticos demócratas expresaron su intención de cuestionar con furor la nueva estrategia durante el voto legislativo que terminará de aprobar la iniciativa del presidente.
Por otra parte, fue evidente el malestar que generó en las huestes republicanas el anuncio de una fecha para el retiro de las tropas. El ex candidato presidencial John McCain calificó de contradictoria la estrategia de Obama al considerar que no se puede hablar de retiro de tropas en términos de un calendario, sino en términos de las condiciones que se desarrollen en el campo de batalla.
En un clima político tan polarizado como el de los Estados Unidos, este tipo de críticas continuarán lloviendo a cántaros. Sin embargo, asumiendo que el plan de acción presentado por Obama sea efectivamente el resultado de un análisis profundo de la situación, pienso que la estrategia propuesta por el mandatario brilla por su dosis de responsabilidad y pragmatismo.
Primero que todo, Obama evitó caer en la irresponsabilidad que hubiera significado el retiro inmediato de tropas. Basta analizar la mayoría de los ataques terroristas desde el 11 de septiembre para entender que el radicalismo islámico en Afganistán y Pakistán es la fuente principal de inspiración de la yihad global. Si a esto le sumamos el momentum que el talibán ha ganado en Afganistán recientemente, el abandono de dicho país en uno de sus momentos más frágiles habría representado un gesto inaceptable.
Segundo, Obama evitó caer en la irresponsabilidad de proponer una guerra al infinito gracias a que su estrategia prevé en 18 meses la construcción de garantías mínimas de seguridad bajo las cuales será posible comenzar el retiro de las tropas de la región. El presidente no elaboró un plan de construcción nacional para Afganistán (como algunos de sus críticos lo sugieren) ni tampoco equiparó el éxito de su estrategia con idealismos de victoria propios de las guerras del siglo pasado.
En realidad, la estrategia de Obama está llena de un pragmatismo que toma en consideración el hecho de que los Estados Unidos de hoy no están en capacidad de ponerse a financiar proyectos nacionales en tierras tan caóticas como Afganistán. Por ello, el objetivo primordial del nuevo envío de tropas a Afganistán es el de debilitar al máximo la red terrorista en ese país, ayudando paralelamente a fortificar el statu quo del gobierno afgano con el fin de frenar el radicalismo en la región. Lógicamente, para que el objetivo se cumpla, será indispensable que la estrategia de Obama haya definido expectativas claras con respecto al papel que jugará Pakistán en los próximo años.
Vista de otro modo, la iniciativa que el presidente ha diseñado para Afganistán se presenta como una especie de final decoroso para una misión militar que lleva casi una década en dicho país. Más aun, pienso que se trata en realidad de una estrategia de salida que se ha trazado una serie de objetivos alcanzables y útiles en la guerra contra el terrorismo. El concepto de victoria en un conflicto que no tiene nada de convencional ha cambiado radicalmente y a eso le ha dado respuesta la estrategia de Obama.
El presidente ha optado por una estrategia salomónica que puede ser la respuesta más acertada que le podía dar al dilema en la región. En aras de defender los principios más nobles de nuestro mundo civilizado, sólo queda esperar que dicha decisión logre los resultados esperados.
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